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Durante el mes de agosto se celebró la trigésima primera versión de la Escuela de Catequistas (ESCAT) en el Distrito Lasallista de Bogotá. Este año en particular, se desarrolló bajo la metodología virtual pero nunca perdió el objetivo de esta experiencia pastoral: de formar agentes evangelizadores y catequistas comprometidos con el anuncio de Jesuscristo, la promoción de la vida y la transformación eclesial y social desde la espiritualidad lasallista. Así fue como 58 jóvenes de diferentes obras educativas del Distrito, de Medellín y de Barranquilla se formaron de la mano de 20 asesores entre maestros, pastoralistas, Hermanas y Hermanos de La Salle.

Con esperanza, dedicación y compromiso el equipo asesor se reunió en el mes de febrero para planear y soñar la nueva generación de catequistas. En ese momento no se contemplaba la pandemia que exigiría a los asesores arriesgarse y adentrarse en el mundo de la virtualidad con algo de escepticismo y temor, al principio; pero en la marcha, con creatividad e innovación para hacer realidad esta escuela. Muchos desafíos y retos se asumieron: la conexión inestable, los cortes de luz, el sobrecalentamiento de los dispositivos, hasta los gestos de equilibrio para estar en la cima de un árbol y recibir la señal de internet en medio de la ruralidad.

Esta versión virtual de la escuela ha dejado grabado en el corazón de los jóvenes y familias, en la dedicación y pasión del equipo asesor y en la historia del Distrito varios aprendizajes. Permítanme anunciarles tres:

  1. La familia como primer lugar de formación de los catequistas
    La ESCAT 2020 pudo entrar en los hogares de los jóvenes y vincular a las familias en el proceso de formación de sus hijos. Conocer sus salas de estar, comedores, habitaciones y cocinas; hacían sentir que se estaba en casa, se estaba en familia. El compartir la mesa, bendecir los alimentos antes de comer, compartir la fe y la oración juntos, celebrar la vida en la eucaristía y el compartir el pan, fueron de los grandes aportes que se tuvo al tener en cuenta a las familias.
  2. El espíritu de fraternidad es nuestro mayor secreto
    La virtualidad limita el compartir, pero la ESCAT 2020 logró privilegiar y experimentar el espíritu de fraternidad a un click de distancia. Las cámaras encendidas, el grupo de Whatsapp, las llamadas constantes, el compartir en las comunidades, los momentos de la alegría, el compartir de la fe, entre otras, lograron aflorar en la vida de los participantes que “nuestro mayor secreto es la fraternidad”. Esta vivencia comunitaria aseguró en gran medida el éxito de la escuela, porque los participantes y asesores experimentaron que ser catequistas es un ejercicio de caminar junto a otros al encuentro con Jesús.
  3. Ser catequistas exige estar conectados con Cristo
    Los jóvenes al finalizar la ESCAT 2020 descubrieron y reconocieron que Jesús es y será siempre el centro de su vocación como catequistas. En sus palabras, en el compartir diario y en el diálogo informal manifestaban que estar conectados con Cristo es tener un corazón dispuesto al accionar de Dios en sus vidas, que les exigía reconocer sus vidas y su historia personal, consolidar su espiritualidad como cristianos, manifestar su compromiso social como Iglesia y contagiar a otros la alegría y pasión que se siente seguir a Jesús como catequista al estilo de La Salle.

Solo resta agradecer al equipo de la Secretaría de Pastoral por hacer posible esta experiencia; a los Rectores y coordinadores de pastoral de las obras educativas por creer en la ESCAT 2020; al equipo asesor por su pasión y compromiso en la formación de catequistas; a las familias de los jóvenes por sus esfuerzos y acompañamiento; y a los jóvenes por seguir creyendo que ser joven catequistas es sinónimo de estar apasionado por Jesús y contagiar a otros de esa pasión.

 

 

 

 

 

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